Los Harlem Globetrotters, la célebre troupe estadounidense que convirtió la cancha en un escenario de destrezas y risas, incluyeron a Tartagal en su gira por Argentina en octubre de 1971. Tras actuar en la capital provincial, la delegación llegó al municipio sureño para cumplir con una doble escala que prometía un espectáculo distinto a todo lo visto en la zona.
La crónica de El Tribuno confirmó la presencia tartagalense: la función estaba fijada para esa noche, a las 21:30, en las canchas del Club Newell’s Old Boys. La visita se sumaba a la actuación previa del grupo en Salta capital, en el Salta Club, ante una concurrencia que, según el diario, parecía repleta.
El reporte destacaba que aquella troupe había convertido la exhibición baloncestística en un género propio, con jugadores de gran habilidad y un humor que, al combinarse con los movimientos imposibles de la disciplina, transformaba cada juego en un espectáculo. En ese marco, Tartagal aparecía no como una ciudad cualquiera, sino como un bastión del básquet en la región: el texto subrayaba que la ciudad “se merecía este esfuerzo conjunto de las autoridades deportivas y la valiosa contribución de la Dirección de Deportes y Cultura Física”.
El anuncio añadía un tono de privilegio: “Es un espectáculo que está reservado a muy pocas ciudades del país”, aseguraba la crónica, que adelantaba una concurrencia masiva para esa noche en el estadio del club. Las entradas tenían precios diferenciados: plateas a 15 pesos y populares a 10. Se informó que la venta de localidades quedaría habilitada desde las primeras horas de la mañana y también durante la tarde en el propio recinto, mientras que la delegación viajaría en ómnibus y tendría previsto alojarse en el Hotel Espinillo. Esos detalles cotidianos contribuían a enfatizar que la visita no era una escala efímera, sino un acontecimiento deportivo con historia en Tartagal.
Para entender lo que esperaba a la audiencia local, vale mirar lo que El Tribuno relató al día siguiente sobre la presentación en Salta capital. En aquella crónica, titulada El Gran Espectáculo del Año, el diario describió la repercusión de la actuación de los estadounidenses con una expresión que alude a la “magia negra”; aclaraba que, en ese contexto, no se trataba de hechicería sino de la notable habilidad escénica que desplegaron en cada jugada y en cada gesto.



