Boca y River disputan el clásico desde las 15:00, en la Bombonera, con la terna de Nicolás Ramírez a cargo. La expectativa no solo pasa por sumar tres puntos, sino por lo que puede significar el resultado para lo que resta del año.
Para Boca, la campaña ha mostrado altibajos. Después de una Libertadores en la que cayó temprano, tras un 0-1 ante Universidad Católica en su estadio a fines de mayo, el equipo de Arruabarrena recalibró su rumbo: pelea la Tabla Anual, depende de sí para acercarse a lo más alto, y se sostuvo como finalista de la Sudamericana. Además, está a dos pasos de la Copa Argentina y avanzó hacia la fase decisiva del Clausura. En ese marco, un triunfo ante su clásico rival podría traducirse en un golpe contundente para River.
River, por su parte, llega al encuentro con la sensación de haber atravesado un año decepcionante. Tras la salida de Marcelo Gallardo y la continuidad de Coudet sin los resultados esperados, el ciclo actual se ve ante un escrutinio intenso: dejó fuera de la Libertadores este año y, según la lectura que se haga, podría repetirse esa realidad en 2027 si no cambia la dinámica. A pesar de esos signos sombríos, el equipo mostró una cierta estabilidad reciente, acumula cuatro partidos sin perder y cuenta con una camada de jugadores con experiencia mundial (Montiel, Otamendi, Acuña, Almada y Correa). Esa combinación alimenta la esperanza de arruinarle la fiesta al rival en su cancha y, a la vez, justificar el proyecto de cara a lo que viene.
El superclásico suele presentar una versión de la historia en la que nada es definitivo. River llega con argumentos en varias líneas para sostener una campaña que, de golpe, puede tomar otro curso si logra vencer en La Bombonera. Boca, por su parte, busca consolidar toda la energía positiva que trajo Arruabarrena y evitar que una derrota ensucie su avance.
Una caída ante River podría disparar preguntas inmediatamente en la recta final y encender un ciclo de análisis sobre entrenadores, plantel y gestión dirigencial. En el contexto previo al encuentro anterior, el 19 de abril, Boca organizó una conferencia de prensa con varios jugadores que hicieron público su malestar con el estado del césped y cuestionaron la designación de Darío Herrera. El trasfondo fue un penal que Sández cometió a Solari al cierre de un partido definido por Borja, un episodio que dejó huellas y aún genera memoria entre los protagonistas.



