Los ministros de Relaciones Exteriores de Argentina y Brasil—Pablo Quirno y Mauro Vieira—formaron parte este viernes de la cumbre de cancilleres del G20 en Atlanta, Estados Unidos. El encuentro, que dirige el secretario de Estado estadounidense Marco Rubio, se extenderá hasta el sábado y se da en medio de una creciente fricción entre Buenos Aires y Brasília. Entre los temas que realzan la fricción figura la salida de Flávio Bolsonaro del país y la decisión de Javier Milei de no felicitar a Lula da Silva por su reelección.
Este viaje marcó la primera ocasión en la que ambos jefes de la diplomacia compartieron un mismo escenario internacional desde que Bolsonaro atravesó territorio argentino para dirigirse a Miami tras perder la contienda electoral el domingo anterior. Aunque ambos participaron del encuentro en el marco de la cumbre, no se confirmó una reunión bilateral entre Quirno y Vieira para tratar de manera directa las diferencias bilaterales.
El contexto es de deterioro en las relaciones entre Argentina y Brasil, agudizado por el apoyo de Milei al candidato opositor durante la campaña en Brasil. Esta semana, Adrián Ravier, portavoz de la Presidencia, evitó felicitar a Lula y se limitó a señalar que el Gobierno había “tomado nota” de los resultados, sin adelantar un comunicado oficial. Aclaró que, en el pasado, Lula no había felicitado personalmente a Milei cuando este ganó las elecciones argentinas de 2023. Desde la Casa Rosada subrayaron, no obstante, que las diferencias ideológicas no deberían afectar al comercio ni al funcionamiento del Mercosur.
El encuentro entre Quirno y Vieira coincidió con la llegada de Flávio Bolsonaro a Estados Unidos tras abandonar Brasil por territorio argentino. El senador ingresó al país por la frontera de Tancredo Neves, en Misiones, el martes por la noche y luego viajó en un avión privado desde Puerto Iguazú, con una escala en Ecuador, hasta Miami, donde llegó la mañana del miércoles.
Ya en suelo estadounidense, Bolsonaro publicó una carta dirigida a Milei en la que agradeció “su coraje, su sentido de la justicia y la legalidad”, sin detallar cuál fue la intervención argentina en su traslado. La salida del dirigente brasileño también generó repercusiones judiciales en Argentina, con una jueza federal, María Eugenia Capuchetti, que ordenó medidas preliminares solicitadas por la fiscal Paloma Ochoa para esclarecer ciertos aspectos de la situación.



