En el Vaticano, la actividad física tiene un lugar destacado y práctico. Allí existe una cancha de tenis rodeada por un muro de 12 metros de altura, ubicada en la zona de los Museos Vaticanos, un espacio que se ha mantenido activo bajo la gestión de Robert Prevost, hoy conocido como León XIV.

Prevost, que llegó al papado con una juventud relativa para ocupar el trono de San Pedro, mantiene una visión clara del deporte. Se autodefine como tenista ocasional y sostiene que, al igual que en la vida, en el deporte nadie llega solo a ningún logro; la colaboración y el apoyo mutuo son claves para avanzar.

El propio Papa amplía esa idea: para crecer, aprender respeto y superar límites, es necesario contar con los demás y celebrar las victorias conjuntamente. Su mensaje busca que la práctica deportiva se convierta en una escuela de fraternidad, un espacio de encuentro y no de rivalidad estéril ni exclusión.

Aún quedan momentos en que la agenda papal se ve alterada por circunstancias de salud. Este domingo, al llegar a Argentina, no habrá encuentro de tenis previsto, pues Prevost continúa recuperándose de una cirugía para extirpar un cáncer de pulmón en fase temprana.

En el pasado reciente, cuando estaba en plena actividad, el tenis formaba parte de su rutina: los lunes y martes solía aprovechar la residencia de verano de Castel Gandolfo para jugar con su secretario, el monseñor Edgard Rimaycuna, un sacerdote peruano con quien mantiene una relación de larga data. Además de la raqueta, Prevost disfruta de la natación y de caminar a caballo.

La trayectoria deportiva papal se reanuda tras el alejamiento temporal de Benedicto XVI y el pontificado de Francisco, y se apoya en la idea de que el deporte favorece la disciplina y la vida litúrgica. Quien aporta una mirada destacada al tema es Rob Hagan, superior de la Provincia Agustina de Santo Tomás de Villanova y capellán de equipos de baloncesto y fútbol americano de la Universidad de Villanova, en Pennsylvania. Para él, practicar deporte aporta al liderazgo: “un líder espiritual debe estar en buena forma física para sostener su labor y su voz durante la misa”.

Prevost, aficionado de los Chicago White Sox, ya había cultivado una rutina de entrenamiento en el gimnasio Omega, cercano al Vaticano, varias veces por semana antes de asumir como Papa, y esa tradición parece haber dejado una huella en su visión de un papado activo y cercano a la gente.