La semana fue de alta volatilidad en Wall Street. El miércoles, tras la victoria de los demócratas en el Congreso en las elecciones de medio término, las cotizaciones de empresas que construyen centros de datos para IA se desplomaron. Seis firmas del sector cerraron con pérdidas entre 17% y 23%.

El jueves la caída se extendió a todo el sector tecnológico. El Nasdaq, índice de las tecnológicas, finalizó con una baja de 5,7% y entró en zona de corrección. En buena parte de la jornada, Nvidia, la fabricante de chips clave para la IA, llegó a presentar pérdidas acumuladas en el año.

Lo que inquieta a los inversores es la posibilidad de que el nuevo Congreso frene la expansión de estas infraestructuras, generando rechazo en varios estados receptores de estos proyectos. Pero el nerviosismo ya venía de antes. El inversionista Bill Ackman lo resumió con una frase contundente: el mercado está “roto” y funciona como un casino, empujado por el endeudamiento.

Entre las grandes incógnitas figura si este entorno podría afectar la salida a bolsa de Anthropic, la firma que desarrolla el modelo Claude. Presentó su prospecto el 26 de octubre y apunta a debutar en el Nasdaq en la última semana de noviembre. Se habla de una valuación de entre 1,5 y 2 billones de dólares, por encima de la valoración de SpaceX de 1,77 billones lograda en junio. De confirmarse, podría convertirse en la mayor salida a bolsa de la historia.

La operación promete fortunas. Anthropic emplea a 5300 personas y, según cálculos, podría generar más de 4000 nuevos millonarios gracias a las acciones otorgadas como parte de la compensación. Cada uno de sus siete fundadores posee aproximadamente el 1,4% de la empresa, una participación que a ese rango de valuación superaría los 20.000 millones de dólares.

Sin embargo, aún no está claro que el modelo de negocio de las IA estadounidenses sea sostenible a largo plazo. Invierten cientos de miles de millones con la expectativa de que empresas de todo el mundo paguen por usar sus modelos, y algunas grandes corporaciones ya muestran señales contrarias a esa tendencia.

El caso de Revolut ilustra el dilema. Es el neobanco más grande de Europa, con más de 80 millones de clientes en 45 mercados y una valuación de unos 115.000 millones de dólares. Busca llegar a 100 millones de usuarios hacia mediados de 2027.

Sus casi 2000 ingenieros programaban con Claude Code y Codex de OpenAI, pero con límites estrictos de gasto por persona. Los tokens eran caros y había que racionarlos.

En una conferencia reciente en Nueva York, David Abitbol, jefe de infraestructura de IA de Revolut, explicó cómo cambiaron de estrategia y qué resultados obtuvieron. Pasaron a usar por defecto GLM, un modelo abierto de la firma china Z.ai, y lo ejecutan en su propia infraestructura en Estados Unidos, sin pasar por servidores situados en China. Según la compañía, la factura de IA cayó a la décima parte.

El cambio también se reflejó en la productividad: sin límites de uso, el tiempo de programación se redujo en 60%, y la empresa observó otros beneficios, aunque el texto no completa ese último tramo de la frase.