En la Recoleta se erige un inmueble icónico conocido como Palacio Fernández Anchorena, que hoy aloja la Nunciatura Apostólica. Ubicado en la Avenida Alvear 1605, el edificio volverá a ocupar un protagonismo significativo al recibir al Papa León XIV durante su visita a la ciudad.
La construcción nació a principios del siglo XX por encargo de Juan Antonio Fernández y Rosa Irene de Anchorena, a cargo del arquitecto francés Édouard Le Monnier. A pesar de su tamaño y fachada imponente, los propietarios nunca llegaron a habitarlo. Durante 15 años, solo convivieron en sus salones el personal doméstico y la estructura familiar de servicio.
En 1922 la casa dio un giro sustancial: el presidente Marcelo Torcuato de Alvear la alquiló para instalarse junto a su esposa, Regina Pacini, y la convirtió en residencia presidencial. Sin embargo, la pareja ocupó el lugar apenas un año. A partir de ese momento, la propiedad comenzó a tejer una relación estrecha con la Iglesia y, de manera particular, con Adelia María Harilaos de Olmos, viuda del ex gobernador de Córdoba Ambrosio Olmos y amiga del expresidente, quien la alquiló.
Según Walter D’Aloia Criado, museólogo y autor de varias obras sobre el edificio, la fuerte religiosidad de Harilaos de Olmos quedó plasmada al convertir una habitación en un oratorio. En ese espacio, cada mañana a las 7:00 se celebraban misas para el personal y las sobrinas que residían allí. La biografía de Harilaos de Olmos, descrita por D’Aloia Criado en su libro El infierno y la gloria de Adelia María Harilaos de Olmos, la presenta como una figura que, por su intensidad religiosa, resulta atractiva para una posible serie de Netflix.
La historia de la propietaria se complejizó aún más: Adelia se casó por dinero con Ambrosio Olmos, quien murió cuatro años después. Viuda, enfrentó problemas psiquiátricos y, según el relato, su familia la declaró insana y la envió a una clínica en Francia. Regresó en 1913 recuperada y asumió la administración de unas 300.000 hectáreas, según las crónicas que circulan sobre su vida.
En la actualidad, el Palacio Fernández Anchorena, rodeado por mansiones de estilo francés y otras residencias palaciegas de la zona de la Avenida Alvear, continúa guardando su particular mezcla de historia y función institucional. Su papel como sede de la Nunciatura Apostólica y su capacidad para alojar a figuras de alto perfil marcan una continuidad de un edificio que, a lo largo de más de un siglo, ha sabido adaptarse a los cambios políticos, sociales y religiosos de Buenos Aires.



