En el marco de la visita del Papa León XIV a la Argentina, el pastor evangélico Diego Javier Mendieta, líder de la Pastoral Social Evangélica y pastor de la Comunidad Evangélica Fe y Vida de Moreno, compartió con Negrx su mirada sobre el racismo, las desigualdades estructurales y el rol de las iglesias ante estos desafíos. También se refirió a la disculpa formulada por la Iglesia Católica en la encíclica Magnifica Humanitas y a las posibles líneas de reparación histórica y justicia social desde una mirada cristiana.

Desde su experiencia en contacto con comunidades populares y movimientos sociales, Mendieta señaló que las iglesias evangélicas tienen una responsabilidad histórica relevante frente a un cambio de época. Afirmó que la sociedad argentina construyó una identidad nacional que ha negado e invisibilizado la presencia afrodescendiente y su aporte a la cultura y la historia del país. En ese marco, reconoció que las iglesias no han estado al margen de ese silencio y, en varias ocasiones, han reproducido prejuicios y formas de discriminación. Por ello, subrayó la necesidad de recuperar la memoria, reconocer las raíces y avanzar hacia una teología latinoamericana que sostenga la dignidad de todas las personas ante Dios.

Mendieta ubicó el origen del movimiento evangélico pentecostal en la herencia de la espiritualidad afroamericana y en los avivamientos de Topeka (1901) y Azusa Street (1906). Destacó a William Seymour, afroestadounidense hijo de esclavos, y a Frank Bartleman, como figuras que concebían al racismo, la guerra y el capitalismo como fuerzas contrarias a la enseñanza bíblica. A la vez, advirtió sobre la crisis contemporánea que atraviesa el pentecostalismo, con la emergencia de expresiones neopentecostales y la influencia de sectores conservadores de América Latina y de la derecha internacional, que según su lectura, han permeado a tradiciones del campo evangélico y, en Argentina, ganan terreno como base política para ciertos sectores de poder, incluido el gobierno de Libertad Avanza.

Sobre el significado de la visita papal desde una perspectiva evangélica, Mendieta sostuvo que se trata de un hecho relevante para el cristianismo argentino, más allá de las diferencias teológicas. Señaló que existen desafíos comunes que pueden abrir espacios para el diálogo ecuménico y para una articulación con los movimientos populares. En ese marco, enfatizó la importancia de fomentar puentes entre tradiciones cristianas y de avanzar hacia una lectura de la fe que atienda las demandas de justicia social y de reparación histórica, sin perder la precisión doctrinal.

Finalizó sosteniendo que las iglesias deben mirar el presente con una mirada crítica y comprometida, construyendo una teología que preserve la dignidad de todas las personas y promoviendo acciones concretas de reparación y cuidado de las comunidades afroargentinas. La visita papal, en su lectura, podría facilitar nuevos diálogos y alianzas en esa dirección.