La siembra directa (SD) continúa perdiendo terreno en Argentina. El último informe de la Red de Manejo de Plagas (REM) de Aapresid indica que, de un total de 31,71 millones de hectáreas analizadas, la SD alcanzó el 80,6% en la campaña 2025/26, frente al 93% registrado en 2017/18. El documento destaca que la mayor proporción del área labrada se debe al control de malezas (48,5%), seguido por otros factores como el esquema contractual y los costos (26%), y por la compactación, que representa el 25,6%.

Aapresid advierte que el promedio nacional oculta realidades muy diferentes entre regiones y presentó las vivencias de cinco referentes zonales para mostrar esas variaciones.

En la provincia de Buenos Aires se observa un descenso sostenido de la SD entre 2025 y 2026, de 6,6 puntos porcentuales, con diferencias internas por región. Esteban Bilbao, productor y asesor de la Regional Necochea, describe una dinámica más crítica: “hace cuatro años empezaron a incorporarse remociones más ligeras, principalmente con rastras y discos, y la labranza pasó de menos del 10% a cerca del 30%, y este año estaría más cerca del 40%”. Atribuye este cambio principalmente al aumento de malezas, especialmente ryegrass y nabolza resistentes. También señala que unas 9% de los casos buscan aliviar problemas de compactación y apenas 1% se debe a motivos como tapar cuevas de peludo o huellones.

En cuanto a la eficacia de la SD para controlar malezas, Bilbao sostiene que la herramienta no cumple plenamente. Con la humedad ambiental y las condiciones de los suelos en gran parte del año, el remanente de malezas que permanece activo suele requerir otra pasada de labranza o la aplicación de herbicidas.

Sobre la compactación, el especialista la define como una creencia generalizada que requiere medir su intensidad, profundidad y el tipo de labor adecuada. Desde INTA Balcarce indican que muchas remociones “no tienen sentido” o deberían haber estado acompañadas de un ajuste en el manejo; el desafío, afirma, es principalmente humano, con carencias en capacitación y enfoques excesivamente simplistas.

En materia de costos y gestión, advierten que quienes invirtieron en maquinaria de labranza tienden a considerar solo el gasto de combustible, mientras que quienes tercerizan la labor cobran entre 40 y 50 dólares por hectárea. Existen herramientas como las aplicaciones selectivas, que usan un 30% de herbicida por pasada en comparación con una aplicación total, lo que implicaría ahorros anuales de 40% a 50% en herbicidas. A esto se suman estrategias como la planificación de rotaciones y el monitoreo, que fortalecen la eficiencia del sistema.

En el sudoeste de la provincia, Guillermo Irastorza sostiene que la SD es “una forma de vida” que no todos adoptan. Es una de las regiones con menor penetración de la SD según la REM, y, para él, el problema no es solo de decisiones individuales sino de la gestión de la tierra, destacando la alta proporción de tierras arrendadas y contratos cortos que dificultan inversiones sostenidas.