El Comité de Bioética del Hospital San Bernardo dio a conocer los resultados del estudio “Ahora y en la hora de nuestra muerte”, que reunió 1.506 respuestas de grupos variados: pacientes, familiares de personas con enfermedades amenazantes para la vida, personal de salud y población sana no cuidadora. La investigación es un estudio comparativo que continúa la línea de trabajo iniciada en 2019 para ampliar la comprensión de la actitud de la sociedad frente a la muerte.

La muestra se segmentó en tres bloques: 26% correspondió al personal de salud; 15% correspondió a personas, ya sean pacientes o familiares, que atravesaban una enfermedad de alto riesgo; y el restante, a la población sana sin cuidados activos. Entre las temáticas analizadas, se evaluó la autonomía informativa: la mayoría de los encuestados (88%) quiso recibir información detallada sobre el proceso de salud. En este punto, se observó que las mujeres muestran una mayor cautela para delegar o delegar la decisión al equipo médico, con una tendencia que se acentúa con la edad: a medida que las personas envejecen, aumenta la voluntad de conocer toda la información.

En cuanto a la comunicación, 64% de los participantes estuvieron de acuerdo en dialogar con un acompañante o familiar sobre deseos o preferencias en relación con su muerte. Este indicador fue más alto entre el personal de salud y quienes atravesaron o apoyaron a alguien con la enfermedad, y también sube con la edad. Las mujeres, de nuevo, aparecen como las más propensas a conversar sobre estas cuestiones.

Respecto a la alfabetización técnica, se destaca un mayor conocimiento en cuidados paliativos: el 70% de los encuestados decía tener algún entendimiento de este concepto para mejorar la calidad de vida. Sobre las directivas anticipadas, el 54% mostró familiaridad con ellas, es decir, la voluntad escrita de la persona para manifestar su desacuerdo con ciertos tratamientos, incluida la reanimación. Se registró además un interés creciente en estas temáticas en relación con estudios anteriores, especialmente en comparación con el relevamiento de 2019.

El informe subraya que la experiencia personal con la enfermedad parece influir en la disposición a informarse, debatir y decidir sobre el final de la vida, señalando una apertura mayor en quienes viven de cerca estas situaciones.