El film es una colaboración entre Ignacio Masllorens y David Lamelas, que se presenta como un relato que transita entre la ficción, el documental y el formato de falso documental. El director y coautor Guillermo Lamelas, junto a Masllorens, encaran una propuesta que busca desentrañar la génesis de La Menesunda a partir de una conversación entre una galerista de semblante severo y dos jóvenes productoras de videos institucionales. Aunque la respuesta inicial señala a Marta Minujín, una búsqueda en un teléfono móvil añade a Rubén Santantonín, artista plástico vinculado al movimiento pop y al Instituto Di Tella, como un posible nexo.
El encargo surge en el marco de una exhibición dedicada a Santantonín, una exposición que enfrenta una curaduría difícil, dado que una gran parte de la obra fue quemada por el propio artista. La galerista, interpretada por Carmen Iriondo, propone que ese breve documental esté dirigido por alguien próximo al homenajeado, subrayando el nombre de Lamelas —a quien se describe como pionero del arte conceptual nacido en 1946— y vinculado al Di Tella durante los años ’60.
Así, El fantasma se instala como la primera realización íntima de Masllorens en colaboración con Lamelas, ampliando su universo de trabajo hacia un terreno más personal y corpóreo. El proyecto recoge rasgos formales característicos del colectivo de El Pampero —con el que Masllorens ha trabajado en otros proyectos— y refuerza intereses temáticos presentes a lo largo de su trayectoria. A la vez, la película continúa la línea de cruces entre narrativas ficcionales y perspectivas documentales que han acompañado a obras como la Biografía de Jorge Luis Borges, de Llinás, que también se estrena en Malba.
La obra propone un dispositivo de reflexión que sitúa al artista, su tiempo y su legado en primer plano, y que utiliza la tensión entre lo verosímil y lo simulado para problematizar la figura del sujeto cinematográfico. En esa construcción, la relación entre Lamelas y Santantonín —según la lectura que propone el film—, se asoma como un espejo de las dinámicas entre cineasta y sujeto retratado que permea proyectos previos de Masllorens, como los que abordan Martin Blaszko, Hugo Santiago y Alfredo Arias, entre otros.
El recurso de las “cabezas parlantes” aparece como una pieza de montaje que enlaza voces distintas y operadores del archivo, buscando una lectura crítica sobre la memoria, la historia del arte y su reinvención en un lenguaje contemporáneo. El fantasma se ofrece así como una propuesta de cine que desata la frontera entre lo real y lo ficcional para repensar una década clave.



