Con una puesta escénica austera, Epifanía propone una lectura sobre dónde termina la fe y dónde comienza la razón, y quién tiene la autoridad para marcar esa frontera. La propuesta, que reúne dramaturgia y actuación de Luis Caram y dirección de Germán Tolaba, se estrenó el viernes 6 y regresa este sábado 7 de noviembre a las 21:30, en el Salón Auditorium de Salta, ubicado en Belgrano 1349.

La pieza parte de un célebre caso psiquiátrico de fines del siglo XIX para adentrarse en un terreno en el que la lógica, la creencia y el delirio se entrecruzan. El protagonista está convencido de haber sido elegido por Dios para vivir una transformación extraordinaria; su cuerpo pasa a ser territorio de una voluntad divina que lo excede y, desde esa certeza, crea un universo en el que lo que para otros es locura adquiere una lógica contundente para él.

El relato establece un diálogo entre el sufrimiento psíquico y uno de los episodios centrales del imaginario cristiano: la Anunciación de la Virgen María. A partir de lecturas de evangelios apócrifos armenios, la obra revisa ese acontecimiento y propone diversas lecturas sobre una historia profundamente arraigada en la tradición religiosa.

Para Tolaba, Epifanía aborda la fe en tiempos del psicoanálisis: el protagonista busca respuestas para una experiencia que lo desborda y encuentra en el lenguaje religioso una posible explicación para su condición. La puesta se apoya en un formato minimalista, con Caram como único intérprete que encarna a cuatro personajes distintos.

La multiplicidad de voces y presencias es uno de los grandes desafíos actorales. Caram encarna identidades que van surgiendo y desvaneciéndose en escena, mientras el relato avanza a través de contradicciones, asociaciones y revelaciones. La metamorfosis del personaje expone su mundo interior y, al mismo tiempo, desplaza la percepción del público.

Miguel Astudillo, parte del proceso creativo, propone una lectura complementaria: la búsqueda de sentido frente al sufrimiento. En su visión, la Anunciación funciona como metáfora de lo que experimenta el protagonista en su cuerpo y en su espíritu: la irrupción de una fuerza ajena cuyo propósito desconoce. El lenguaje religioso le permite otorgar un sentido trascendente a una experiencia insoportable.

Astudillo identifica así uno de los ejes centrales de Epifanía: la necesidad de convertir el padecimiento en una historia que pueda ser narrada. El hombre intenta hallar una explicación para lo que lo desborda y, en ese intento, revela la hondura de su desamparo.

Con un enfoque poético y una interpretación que combina intensidad, honestidad y juego escénico, la obra propone una experiencia que invita a reflexionar sobre los límites entre lo sagrado, lo racional y lo irracional.