Milei atravesó una semana de negación: de aquello que no se menciona, parecería no existir. No hizo pública ninguna aceptación del triunfo de Lula da Silva. Paralelamente, el propio Lula tejía una lectura de la escena marcada por la operación que permitió sacar de Brasil al diputado Flávio Bolsonaro, quien terminó instalado en Estados Unidos.

Lula llega a su cuarto mandato y, a pesar de las diferencias con su gestión, queda claro que su capacidad política quedó intacta. Su trayectoria quedó registrada como un hito en la historia constitucional brasileña: tras ganar la segunda vuelta, logró un cuarto periodo presidencial; un fenómeno que, dentro de un marco democrático, remite a figuras históricas como Franklin D. Roosevelt.

Examinar la votación brasileña ofrece claves: por qué Bolsonaro cayó. En la primera vuelta, sus candidatos a gobernadores en diez de los quince estados más grandes ganaron con claridad, lo que dio confianza al bloque conservador y llevó a que redujeran su esfuerzo de campaña en la segunda vuelta.

En contrapartida, Lula cimentó su triunfo con varios factores. Aprovechó de forma acertada las redes sociales, logró reducir la abstención en alrededor de dos puntos y recuperó votantes que, en la primera vuelta, habían optado por Bolsonaro. Además, sus propios candidatos superaron con amplitud las filas del PT, fortaleciendo una coalición que fue más allá del partido.

Quien podría figurar como rival político en 2027, Sergio Massa, destacó que Lula “demostró inteligencia para armar un liderazgo inclusivo, sin pretender una hegemonía”. Massa mantiene lazos con Fernando Haddad, exministro de Hacienda de Brasil, y sus equipos trabajaron en Buenos Aires para asesorar a Lula en la campaña anterior. Este domingo, Sebastián Galmarini, Cecilia Moreau y Diego Giuliano, presidente del Frente Renovador, estuvieron en el búnker de Lula.

El análisis político apunta a que, en la primera vuelta, Bolsonaro y sus candidatos a gobernadores ganaron 10 de los 15 distritos grandes. En la segunda vuelta, esos gobernadores dejaron de impulsar la campaña y los votos migraron hacia Lula. Lula, a su vez, consolidó una coalición que superó el PT e incorporó dirigentes de centro-derecha y aliados territoriales con posturas diversas, manteniéndolos unidos frente a las diferencias.

El mensaje para el kirchnerismo y para el peronismo es claro: hay que integrar a los K, pero dentro de una coalición que convoque a peronistas, radicales y gobernadores de centro. En el plano institucional, la escena también dejó un impacto en el terreno argentino: Cristina Kirchner recibió un golpe político significativo, ante una revisión de su caso que la ONU, a través del Comité de Descolonización, señaló podría demorarse meses e incluso años. Cristina no es vista como perseguida, sino como una condenada con restricciones para participar de la arena política activa.