Rafael Marroquim, uno de los cerebros detrás de la campaña del PT, sostiene que la definición podría haber cambiado si Lula hubiese conseguido el respaldo en la primera vuelta. Aunque lo afirma con tono analítico, la idea apunta a entender por qué el candidato terminó ganando pese a haber perdido la instancia inicial y culminó su cuarto mandato gracias a una estrategia desplegada en apenas un mes.

Durante un encuentro virtual con periodistas, los responsables de Nordx, la firma de comunicación que formó parte del equipo, detallaron cómo lograron modificar el tablero en cuatro semanas y qué enseñanzas podría dejar la experiencia para la política argentina.

La conversación giró hacia Javier Milei y las elecciones de 2027, en un marco de interés de distintos sectores del peronismo. Ante una consulta de Clarín sobre la posibilidad de que el líder libertario imite ciertas herramientas brasileñas, Marroquim se mostró cauteloso respecto a pronósticos, pero dejó entrever que durante la campaña se utilizaron elementos vinculados a las declaraciones del presidente argentino y a las referencias al modelo económico de Flávio Bolsonaro y su entorno.

La remontada arrancó con un diagnóstico incómodo para el oficialismo: el historial de Lula ya no bastaba para convencer a muchos votantes. En Nordx hablaron del “fin de la era de la gratitud”, un fenómeno en el que los logros sociales y las mejoras de su gestión dejaron de ser motivo suficiente para respaldarlo.

La primera jugada consistió en reforzar la figura del candidato. Se estimó que entre un 15% y un 20% del electorado reconocía a Lula como presidente, pero desconocía en profundidad su trayectoria como metalúrgico, dirigente sindical y motor de la restauración democrática brasileña.

Para captar la atención de los jóvenes, innovaron con una canción popular adaptada para narrar la historia de un brasileño común cuyo desenlace revela que es Lula. La pieza fue acompañada por una identidad visual que empezó a difundirse entre los simpatizantes durante la segunda vuelta.

El segundo eje fue aprovechar el legado de sus gestiones como punto de partida, sin convertirlo en el argumento central. En lugar de enumerar logros, la campaña trató de vincular esa experiencia con las propuestas actuales, buscando mostrar continuidad y capacidad de gestión.

La discusión dejó claro que la experiencia brasileña no es un manual directo para otros contextos, pero sí ofrece herramientas y enfoques que podrían resultar de interés para entender dinámicas políticas similares en la región. Marroquim, eso sí, no aventuró predicciones sobre el comportamiento de Milei ni garantizó replicar acciones específicas, aunque admitió que ciertos elementos del relato de Lula se exploraron como piezas de comunicación durante la campaña.