La Reserva Federal decidió no mover la tasa de política y, para muchos, la medida era previsible. En paralelo, el mercado no respondió de forma significativa: ni la curva de rendimientos ni la bolsa se movieron apenas tras el anuncio, en una semana de elevada volatilidad que terminó con caídas notorias el jueves y el viernes.
Desde un tono extraoficial, el Tesoro celebró que la Fed haya eliminado la forward guidance y que, por ahora, no se hayan desatado las turbulencias que algunos críticos preveían. En lo discursivo, se dejó entrever que lo que Kevin Warsh había eliminado en los inicios de su mandato, de algún modo, volvió a asomar por la ventana, aunque de forma informal. En conjunto, la teoría y la práctica muestran diferencias notables en varios puntos.
La Fed comunicó que la economía y la inflación continúan avanzando, aunque la entidad se mantiene con las manos atadas a la espera. Tres altos funcionarios —Williams, Jefferson y Waller— dejaron señales a título personal desde un marco de precaución, algo que pareciera haber sido utilizado para atajar una posible escalada de volatilidad en el mercado de bonos. La curva se calmsó, pero la inquietud persiste. Entre los nuevos focos de preocupación aparece la expansión de la inteligencia artificial, un tema que, al parecer, podría favorecer una mayor cooperación entre la Fed y el Tesoro.
En lo macro, Estados Unidos creció 3,4% en el tercer trimestre. El consumo privado subió 3,8%. Según Warsh, “la economía no está en sobrecalentamiento”. Sin embargo, las ventas finales al sector privado doméstico se ubicaron en +4,9%, lo que sugiere un dinamismo mayor al proyectado. Por otro lado, el ingreso disponible de los hogares aumentó 2,3% y se observa un incremento en el gasto financiado con la reducción de ahorros para cubrir la brecha.
El escenario actual también viene acompañado de posibles sobresaltos futuros: la Fed de Atlanta estima 3,2% de crecimiento para el cuarto trimestre, mientras que el PIB potencial —la velocidad de crecimiento compatible con una inflación en torno al 2%— se ubica en 2%, según las definiciones propias del banco central.
En materia inflacionaria, el mensaje oficial no dio lugar a sorpresas: la inflación permanece elevada y registró un repunte de 0,2 punto porcentual en septiembre frente a agosto. El deflactor del gasto en consumo personal avanzó 0,5% mensual y 3,6% interanual. La inflación subyacente, que excluye energía y alimentos, subió 0,3% mes a mes y 3,1% interanual. La lectura mediana de inflación, que se mantiene en 0,2% desde principios de año, marca 2,7% en el acumulado de 12 meses, dos décimas por debajo de mayo. Warsh reiteró que la Fed no aceptará un objetivo superior al 2% de forma sostenida, pero admite que la inflación pueda oscilar por encima de la meta por un tiempo. El presidente de la Fed, visto como un halcón, se compromete, en definitiva, a devolverla al rango del 2%.



