En la bibliografía especializada, la teoría del crecimiento terminó tomando la posta de la teoría del desarrollo. El debate clásico apuntaba a si el proceso debía avanzar bajo un equilibrio total o con desequilibrios estructurales. Mientras tanto, la realidad económica fue marcando su propio rumbo, y, como señala Walter Sosa Escudero, “a las nubes no les importan las opiniones de los meteorólogos”.

Con ese marco, dialogué con Manuel Zymelman (1930-2022), un economista polaco-argentino considerado un verdadero niño prodigio por su inteligencia y su voz. Dominaba siete idiomas: idish, español, italiano, francés, alemán, hebreo e inglés. En 1932 su padre emigró a la Argentina y se asentó en Mosesville, donde trabajó como matarife ritual; el resto de la familia lo hizo poco después. Zymelman estudió ingeniería industrial en la Universidad de Buenos Aires y, en la capital, también se formó en canto (con Tito Schipa) y piano. Se doctoró en Economía Industrial en el MIT. Durante su estancia en aquella casa de estudios, descubrió que una sinagoga cercana abría audiciones para cantor, consiguió el puesto y logró cambiar su visa de estudiante por la green card, un cambio que le permitió costear sus estudios. Se mantuvo vinculado a la sinagoga durante 21 años y bromeaba diciendo que era “el mejor economista entre los cantantes y el mejor cantante entre los economistas”. A lo largo de su carrera, enseñó en Northwestern, Harvard y Tufts.

- En la profesión, Zymelman es especialmente conocido por su trabajo junto a Guido José Mario Di Tella. Aunque ambos estudiaron en el MIT y sus tesis se enfocaron en la economía argentina, las elaboraron por separado. En 1961 y 1962 publicaron dos monografías y, más adelante, con la colaboración de Alberto Petrecolla, editaron Las etapas del desarrollo económico argentino (Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1967). Tomaron como marco de referencia el esquema de Walt Whitman Rostow para describir la transición del subdesarrollo al desarrollo a través de cinco etapas, con los ajustes que correspondían.

- En el contexto de las turbulencias y la especialización creciente de años recientes, resaltaron la importancia de explicar lo ocurrido a la luz de procesos que comenzaron décadas atrás. Ubicaron a la economía argentina más cerca de los países desarrollados que de los subdesarrollados (lo que llamaron “en vías de desarrollo” para evitar ofender sensibilidades), postura con la que coincidieron con Federico Pinedo y con la cual difirieron de Raúl Prebisch y Rogelio Frigerio.

- Respecto a la utilidad de la teoría del crecimiento para entender la heterogeneidad sectorial y geográfica, señalan que, en sus inicios, ese marco no servía para ese fin. Mencionan a Harrod y Domar, así como a Robert Merton, entre los primeros en aportar enfoques que no lograban capturar las diferencias internas entre sectores y regiones.