Greg Pirio, historiador argentino especializado en África, decidió hace 14 años comprar una casa en Loudoun, al norte de Virginia, buscando contacto con la naturaleza: paseos con su perro por senderos arbolados y el canto de las aves. Hace tres años, un gran centro de datos se instaló a apenas 100 metros de su vivienda. Desde que empezó a operar, hace aproximadamente 18 meses, la armonía se interrumpió por un zumbido constante y emisiones que desencadenan dolores de cabeza, conjuntivitis y problemas respiratorios tanto para él como para otros residentes. “Nadie nos avisó de lo que se nos venía encima”, dice desde su living. A la distancia, tras una línea de árboles que intenta funcionar como cortina, se distingue la mole azul del edificio tecnológico.
El condado de Loudoun—con unos 430.000 habitantes, a orillas del Potomac y muy cerca de la capital, Washington—alberga la mayor concentración de centros de datos del mundo, a la que se conoce como Data Center Alley, o Avenida de los Centros de Datos. En la actualidad hay 233 instalaciones, ya construidas o en construcción, que ocupan más de 45 millones de metros cuadrados, el 3% del territorio del condado, y consumen una cantidad de electricidad equivalente a la de 2,2 millones de hogares. Su peso fiscal representa el 40% del presupuesto local.
La expansión en la última década convirtió al condado en el más rico de Estados Unidos: el ingreso medio de los residentes ronda los US$180.000 por persona. Este fenómeno se refleja en los centros urbanos, en instalaciones deportivas de primer nivel y en parques bien cuidados. Las autoridades señalan que el sector generará 17.000 empleos y aportará US$1.3 mil millones en impuestos en el año fiscal 2027 (aprox. 1.16 mil millones de euros); además, estos ingresos han permitido reducir los impuestos inmobiliarios para los vecinos.
A lo largo de autopistas amplias y perfectamente asfaltadas se erigen estos gigantes sin ventanas; su zumbido, para muchos, pasó a ser parte del paisaje diario, para otros, una pesadilla. Varias asociaciones vecinales comenzaron a organizarse, sosteniendo que los perjuicios superan a los beneficios. Estas instalaciones alojan equipos y datos que sostienen internet e inteligencia artificial. Nacieron, hace décadas, del tamaño de un hipermercado y hoy se extienden por todo Estados Unidos, de Virginia a California; algunas podrían incluso superar en tamaño a Manhattan.
Los centros de datos se han convertido, además, en un tema central de las elecciones de medio mandato, que se celebrarán el 3 de noviembre, y han despertado preocupaciones y objeciones entre quienes ven más costos que ventajas en su expansión.



