La reelección de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil dejó como dato central un triunfo histórico y, al mismo tiempo, una lectura que ganó fuerza al difundirse los números: la campaña fue impulsada en gran medida por la movilización digital. El grupo denominado “Ejército de Lula”, impulsado por el diputado André Janones, logró reunir a más de diez millones de personas en un canal de WhatsApp durante las tres semanas que separaron la primera vuelta del balotaje.

La experiencia, sin dudas, resulta notable. Tras verse por detrás de Flávio Bolsonaro en la primera ronda, Lula consiguió revertir la estadística y arribar a un 51,79% de los apoyos. Janones llevó adelante una maquinaria para la difusión de contenidos, promovió la compartición de publicaciones, coordinó acciones y organizó transmisiones en vivo con artistas, influyentes y referentes políticos para amplificar la presencia del candidato en las plataformas. Lula mismo reconoció su protagonismo durante los festejos.

¿Fueron, sin embargo, las redes las que decidieron la elección?

En los últimos años, las estrategias digitales ocupan un lugar central en las campañas y sus responsables suelen transformarse en elogiados explicadores del fenómeno. Pero disponer de alcance masivo no equivale a convertirlo en votos. Las redes no forman un espacio público homogéneo; los algoritmos, las preferencias de los usuarios y las dinámicas de interacción favorecen la aparición de cámaras de eco y burbujas informativas, donde las conversaciones circulan entre quienes ya comparten posiciones y buscan confirmación para sus convicciones.

La literatura sobre comunicación política subraya esa complejidad: exponer a ciertos contenidos puede influir en opiniones y conductas, pero sus efectos no son automáticos ni uniformes. Mayor número de seguidores, más interacciones o mayor visibilidad no implica necesariamente un ascenso en la intención de voto.

En Brasil, cohabitando con el crecimiento del “Ejército de Lula”, también avanzaban otras variables. La campaña ajustó su discurso y elevó el énfasis en propuestas concretas vinculadas a la vida cotidiana. Entre la primera y la segunda vuelta, Lula anunció medidas para aliviar deudas de microemprendedores, ampliar ayudas a estudiantes universitarios y avanzar hacia la gratuidad del transporte público los fines de semana. También contempló una reducción temporal de impuestos sobre los combustibles. Propuestas y decisiones que, según diversos analistas, sumaron a la campaña en un contexto de debate sobre qué herramientas efectivamente movían el electorado.