El pontífice sostiene que la mayor ayuda para quien vive en la pobreza es facilitarle acceso a un empleo digno. Esta idea, presente en su Exhortación Apostólica sobre el amor hacia los pobres, se enmarca como continuidad de la Doctrina Social de la Iglesia, a la que él, citando Magnifica Humanitas, define como una realidad viva que dialoga con historia, cultura y ciencia.
La afirmación sobre la promoción del trabajo se vincula a dos grandes dimensiones que se entrelazan: la economía y la justicia social. En el plano económico, poco antes de su gira por Uruguay, Argentina y Perú, afirmó: “El corazón de la economía es el trabajo”. En el plano de la justicia, sostiene que no hay que entender esa búsqueda como un tema separado de la producción de riqueza, ni que la economía deba limitarse a generar valor y la política actuar solo para distribuirlo. Al contrario, la justicia atraviesa todas las fases de la actividad económica: desde la obtención de recursos y la financiación, hasta la producción y el consumo, y cada elección tiene consecuencias morales.
¿Cómo se reconoce la justicia social? Para León XIV, se verifica cuando un orden social, económico y político permite a todos, y especialmente a los más frágiles, vivir de forma realmente humana, sin que nadie quede atrás.
El Papa advierte además que la era digital intensifica estos desafíos. Exlica que existen injusticias que no nacen solo de decisiones individuales erradas, sino de estructuras, mecanismos y sistemas económicos y culturales que generan desigualdad de manera casi automática. Por ello llama a que personas, organizaciones, empresas y Estados adopten una actitud proactiva para evitar la exclusión.
En repetidas ocasiones, y citando a sus predecesores, señala que el trabajo es una dimensión del ser humano que trasciende la simple búsqueda de ingresos. A la vez, no elude la importancia del “salario justo”, definido como una prueba concreta de la equidad del sistema socioeconómico, ya que revela si el trabajador es tratado como persona o como un mero costo de producción. Esta idea se apoya en Laborem excercens, de San Juan Pablo II (1981).
Siguiendo la trayectoria del Papa polaco que visitó dos veces la Argentina y fue canonizado en 2014, León XIV, en Magnifica Humanitas, define el trabajo como más que un problema a gestionar o un medio para ganar dinero: es un bien fundamental para la persona, motor de la actividad económica y columna de la cuestión social. En él intervienen la libertad, la creatividad y la capacidad de cooperar, aportando al desarrollo cultural y moral de la sociedad.



