Hoy llega León XIV a la Argentina, la segunda etapa de su pontificado y el tramo más largo de un recorrido que, tras una intervención quirúrgica por un adenocarcinoma que le obligó a extirpar el lóbulo inferior del pulmón derecho, continúa su itinerario internacional. El Papa, que nunca dudó de su misión y la deseó desde su elección, intenta completar la “última asignatura pendiente” de Francisco, tras haber visitado España y París.
Para entender por qué Bergoglio no vino en años pasados, no basta con atribuir la hostilidad de la política. También influyeron los tratamientos de ciertos medios en sus propias páginas, así como las fisuras entre obispos que le provocaron dolor. Durante un tiempo se sintió más cuestionado que esperado.
La región que recibe al Pontífice es políticamente convulsionada y concentra cerca del 40% de los católicos del mundo, aunque vive una pérdida de fieles. Según Pew Research, entre 2013-2014 y 2024 la población católica pasó de 71% a 58% en Argentina; en Perú, de 76% a 67%; y en Uruguay, según Latinobarómetro, alcanza el 33%. Al menos una quinta parte de los adultos abandonó la fe de su crianza, aunque tres de cada cuatro o más creen en Dios. A la vez, la peregrinación a Luján, de récord, revela búsquedas de sentido que la política no logra encauzar.
La agenda que beginnt en Montevideo coloca como ejes la dignidad humana, la injusticia económica, la paz y el diálogo. Las visitas en Argentina a presos y a personas con discapacidad del Cottolengo de Don Orione, junto con encuentros con trabajadores y víctimas de abusos, muestran cuáles son las prioridades que no deben quedar fuera de la atención pastoral. En Uruguay, país con una de las tasas de suicidio más altas de la región, el Papa pidió dar prioridad a ese problema y reclamó un sistema de salud accesible para todos, independientemente de sus recursos.
El Gobierno argentino y ciertos sectores de la agenda mediática sostendrán que el Papa “no habla de política”, pero habrá que explicar su enfoque y que Magnífica humanitas reconozca a Enrique Angelelli, junto a Óscar Romero, entre los mártires de la justicia. Su magisterio es, en esencia, político pero no partidario, y se asienta en la Doctrina Social de la Iglesia que influyó en el peronismo y en numerosos movimientos a nivel global. Trabajo, justicia social, función social de la propiedad y comunidad configuran el marco del justicialismo, cuyo vínculo con la Doctrina Social Cristiana destacó Perón en 1950. Pío XI definió la política como “la forma más elevada de la caridad”, un criterio que luego fue reivindicado por Pablo VI y por Francisco.
Ya se han emitido más de cuarenta textos episcopales críticos desde 2024 sobre políticas sociales, migratorias y penales. A ello se suman las alertas de García Cuerva frente a la corrupción.
El viaje llega en un momento en que Argentina está gobernada por Milei, cuyo enfoque económico es visto por muchos como poco empático con los más vulnerables y ha alentado divisiones a través de disputas culturales. En ese marco, León XIV llega para reforzar una lectura de la política centrada en la dignidad y la justicia social, sin desligarla de lo que la Iglesia entiende como una defensa de la paz y la dignidad humana.



