La reciente caída de Lula da Silva y los vaivenes del proceso electoral brasileño motivan a dirigentes argentinos a mirar de reojo el 2027 y extraer posibles lecciones. Más allá de las polémicas derivadas por episodios como el “Bolsonarogate” y la fuga que sacudió la política vecina, varios actores locales buscan señales para la disputa presidencial de 2027. Eso sí, los paralelismos coexisten con límites claros: distinto contexto económico, sistemas electorales diferentes y liderazgos que no se replican de inmediato. Por ahora, buena parte del debate permanece en el terreno de las especulaciones, con Milei todavía a un año de la eventual reelección.

Entre los puntos que se discuten figuran la capacidad de revertir un resultado adverso, la influencia de los gobernadores, la coordinación entre redes sociales y territorio y el uso del miedo como herramienta electoral. Pero lo central, para ambos lados, es quién logra apropiarse de la idea de cambio.

Un relevamiento de CB Global Data —una de las pocas firmas que advirtió la posibilidad de la remontada de Lula— aporta una cifra que podría inquietar a la Casa Rosada: el 57% de los argentinos quiere un cambio. El sondeo, que proyecta un escenario para 2027, también revela una paradoja: aunque predomina la demanda de cambio, Milei aparece como favorito frente al peronismo tanto en la primera vuelta como en un eventual balotaje.

Esta bifurcación no es menor. Milei llegó a la Casa Rosada en 2023 como la expresión más radical del cambio y la promesa de romper con un sistema que, para una parte de la sociedad, dejó de entregar respuestas. Aun así, ya no será una novedad en las próximas elecciones: habrá cumplido cuatro años de gestión y deberá rendir cuentas de sus resultados. La oposición intentará apropiarse de la bandera del cambio que hasta ahora parecía asociada a La Libertad Avanza (LLA).

En Brasil, la cuestión del cambio se convirtió en una categoría estratégica: el significado del término fue disputado por la campaña de Lula, con participantes como Nordx y Sidônio Palmeira, y se convirtió en una clave para revertir el resultado en el balotaje frente a Bolsonaro. Esa discusión, explicaron a Ámbito y otros medios argentinos, mostró cómo la construcción del cambio puede inclinar la balanza en un segundo tramo electoral.

En la memoria regional, el cambio también ha sido utilizado como marco por otros actores. En 2015, Mauricio Macri lo explotó para enfrentar al kirchnerismo; años después, Alberto Fernández prometió modificar el rumbo económico de Cambiemos, la coalición electoral que había capitalizado esa narrativa. Las lecciones sobre el significado y la gestión del “cambio” siguen ocupando un lugar destacado en el tablero argentino para 2027.