En 1959, en Groningen, al norte de los Países Bajos, el consorcio NAM halló el mayor yacimiento de gas natural de Europa. El auge de las exportaciones provocó un ingreso de divisas tan intenso que la moneda local se apreciò en términos reales, encareciendo las importaciones y haciendo que los productos neerlandeses fueran más caros en dólares. La manufactura perdió competitividad y el desempleo subió, una dinámica tan saliente que la economía terminó asociándola a lo que se conoce como la “enfermedad holandesa”. En síntesis, un choque exportador que, en lugar de impulsar la producción global, reordena la estructura productiva hacia sectores menos eficientes.

¿Podría repetirse ese fenómeno en Argentina? A partir de 2011, múltiples empresas comenzaron a explorar la cuenca no convencional de Vaca Muerta. La estatización de YPF y los acuerdos con Chevron dinamizaron la exploración y permitieron revertir la caída del sector hidrocarburífero nacional. El potencial productor y exportador de Vaca Muerta apareció como un cambio de magnitud comparable al papel que tuvo la soja en la economía, tanto por su tamaño como por su novedad. Aun así, lo más llamativo es la velocidad del crecimiento: en lo que va de 2026, el Intercambio Comercial Argentino (INDEC) señala un aumento de 53,6% en las exportaciones de combustibles y energía frente al mismo periodo de 2025. Esa suba se descompone en 29,5% por mayores volúmenes y 18,6% por mayores precios; estos últimos se vieron favorecidos, además, por la escalada de tensión en Medio Oriente. Las proyecciones del sector privado para 2030 hablan de un incremento de producción superior al 60%.

Muchos economistas hablan de una “transformación estructural”: un cambio profundo en los motores que impulsan el empleo y el crecimiento, con la posibilidad de que un nuevo sector líder rearranje de forma permanente la distribución de la riqueza y el trabajo. Eso, claro, no es intrínsecamente positivo o negativo; depende de cómo se gestione la transición y de qué otros sectores logren mantener o mejorar su competitividad.

El tipo de cambio real es 24,2% más apreciado que su promedio entre 1997 y 2025. En una economía con dos monedas, ese grado de apreciación suele ir acompañado de un déficit de cuenta corriente y una caída de reservas. Aquí, contrariamente, el Banco Central (BCRA) acumuló aproximadamente USD 7.500 millones entre diciembre de 2025 y septiembre, y la cuenta corriente Arde con un saldo favorable para este año. Este nivel de tipo de cambio real podría, entonces, estar en un rango de equilibrio en el corto plazo, aunque persiste la cautela sobre posibles efectos de desplazamiento en otros sectores exportadores si el impulso de Vaca Muerta se mantiene/crece.