La figura de Santos Vega trasciende lo literario para convertirse en un emblema de la identidad nacional. A lo largo de su historia, la poesía y el folklore lo han presentado como una personificación del alma del gaucho.
En 1885, Rafael Obligado publicó Santos Vega, donde aparece una imagen central del payador: alza el sombrero en un gesto de orgullo y desafío, una representación que busca sintetizar la grandeza del oficio y la dignidad del gaucho. Así, el personaje se convirtió en un símbolo cargado de sentimiento patriótico.
Ya antes, Bartolomé Mitre, con apenas 17 años, escribió A Santos Vega en 1838, destacando que la memoria popular mantenía viva la leyenda y que era necesario dejar constancia de ella en el papel. A ese conjunto se suman otras obras: Hilario Ascasubi, en Santos Vega o los mellizos de La Flor (1872); y Eduardo Gutiérrez, con su relato homónimo (1880).
La leyenda describe a Santos Vega como un gran misterio de la patria, un urdido de argentinidad que se nutre de la memoria colectiva. Por la diversidad de afirmaciones, no hay un único lugar de origen aceptado; varias provincias se atribuyen su nacimiento, aunque la tradición suele situarlo en la provincia de Buenos Aires.
Respecto a su muerte, existen al menos dos testimonios de personas que aseguraron haber conocido al payador y que sostienen que falleció en una estancia de los pagos del Tuyú, en la provincia de Buenos Aires. Según relatos, Vega llegó a la estancia en su flete, algo abatido, acompañado por un niño a caballo que traía un peludo para asar. Fue recibido en la casa y murió cerca del fogón, rodeado por gauchos que lo lloraron, quedando sepultado en un cajón de madera especialmente construido para él.
Se sostiene que el payador habría perdido una payada de contrapunto, hecho que habría desencadenado su amargura y su muerte, dando origen a la leyenda de que sólo el diablo podría haberlo vencido en esa confrontación verbal.
En el imaginario rural persiste la creencia de cierta relación entre la guitarra y lo demoníaco. Un episodio relatado por Don Santiago Ayala, El Chúcaro, cuenta que Atahualpa Yupanqui, tocando ante lugareños, provocó que algunos se apartaran hacia la medianoche.
Los restos de Santos Vega (1755-1825) se encuentran en General Lavalle, provincia de Buenos Aires. En este fenómeno literario y popular, la figura del payador ha atraído la atención de destacados intelectuales, entre ellos Roberto Lehmann-Nitsche, cuyo estudio monumental Santos Vega se convirtió en referencia, además de inspirar producciones teatrales, cinematográficas y distintas manifestaciones artísticas.



