El 15 de mayo de 2026, el Papa León XIV presentó Magnifica Humanitas, la primera encíclica de su pontificado, dedicada a la protección de la persona en la era de la inteligencia artificial. El documento plantea la necesidad de contener la concentración de poder tecnológico, propone criterios para la regulación de la IA y advierte sobre sus posibles efectos en el trabajo, las desigualdades y la dignidad humana.
Uno de los apartados clave aborda la relación histórica de la Iglesia con la esclavitud. El texto reconoce que, en la Antigüedad y la Edad Media, diversas personas e instituciones eclesiásticas sostuvieron prácticas esclavistas y admite que la condena a ese fenómeno llegó de manera tardía. Este reconocimiento, que carga de peso histórico, también genera interrogantes sobre la narración en la sección dedicada a la modernidad.
La redacción distingue entre dos momentos: en los tiempos antiguos, se señala la responsabilidad de individuos e entidades eclesiásticas que mantuvieron esclavos; en la modernidad, en cambio, la encíclica presenta a la Sede Apostólica como un actor que intervino para regular y, en ciertos casos, legitimar modalidades de sometimiento y, hasta incluso, de reducción a la esclavitud de grupos considerados infieles. La diferencia entre estas formulaciones es sutil, pero relevante: el sujeto de las acciones pasa de ser las instituciones eclesiásticas a la propia Santa Sede, mostrada como autoridad que regula prácticas de sometimiento. El texto no desarrolla exhaustivamente si las instituciones continuaron esclavizando en la modernidad, ni profundiza esa dimensión.
El documento sitúa asimismo un contexto histórico brutal: desde la conquista de América iniciada en 1492, la catálisis de la genocida devastación de pueblos originarios y la trata transatlántica de africanos, hasta la consolidación de un sistema esclavista que dio lugar a un nuevo centro de poder global. En ese marco, la encíclica no reconstruye con detalle la participación concreta de las instituciones eclesiásticas en ese complejo entramado.
Respecto a la condena de la esclavitud, Magnifica Humanitas señala que la Iglesia tardó en pronunciarse de forma clara y universal, y que esa condena formal llegó en el siglo XIX, con la intervención de León XIII. Este énfasis en el retraso histórico abre una lectura crítica sobre cómo se narra la responsabilidad de la Iglesia en procesos de subordinación y violencia, especialmente cuando la modernidad es presentada como un periodo en el que se regula y, en algunos casos, se justifica la opresión.
La encíclica, interpretada en conjunto, invita a examinar críticamente las elecciones narrativas de la Iglesia al encarar su pasado y a analizar cómo estas decisiones afectan la legitimidad de su postura frente a las tecnologías emergentes y a las luchas por la dignidad humana en la actualidad. Fuente: Página/12.



