Durante años, Silicon Valley soñó con un asistente digital capaz de liberar a las personas de tareas tediosas. Las representaciones de ficción, como J.A.R.V.I.S. en las películas de Iron Man, impulsaron esa búsqueda. En 2010, Apple adquirió Siri, pero el resultado terminó siendo menos efectivo de lo esperado.
Hoy, en el marco de la mayor ola de inversiones en IA, parece haber llegado la era de los agentes personales. En los últimos dos meses, Instinct, una startup, y Muse, proyecto de Meta, presentaron dos herramientas que ya generan gran repercusión. Los bots de Instinct permiten comunicarse a través de iMessage de Apple o WhatsApp de Meta y realizan tareas como hacer check-in de vuelos, conseguir entradas agotadas para conciertos y coordinar cenas entre amigos, entre otras funciones. Muse, la propuesta de Meta, ofrece capacidades semejantes y se puede usar desde WhatsApp, un navegador web o una app móvil; más adelante, también estará disponible en las gafas inteligentes de la firma.
El cambio más significativo frente a las generaciones anteriores de asistentes es que estos bots pueden actuar de manera proactiva, no solo responder a comandos explícitos. “Realmente funcionan de la manera en que todos querríamos que opere la IA”, afirma Noah Shinn, fundador de Instinct, de 24 años. Analistas y analistas de la industria destacan que la adopción podría acelerarse con rapidez.
En cuanto a la trayectoria de crecimiento, Instinct ya muestra un avance notable: la base de usuarios crece alrededor de un 10% diario, a pesar de requerir una invitación o la aprobación de una lista de espera para unirse. La simplicidad de uso es clave: una vez registrado, el usuario puede iniciar una tarea mediante un simple mensaje de texto y el bot responde con actualizaciones sobre el progreso.
Por su parte, Muse opera en un modelo distinto: está disponible para usuarios en Estados Unidos y Canadá y ofrece accesos a través de varios medios, lo que podría facilitar una adopción más amplia en comparación con la versión cerrada de Instinct.
Aun con el impulso inicial, las plataformas que desarrollan estos agentes deben sortear varios obstáculos para una adopción global: temas de seguridad y confiabilidad, además de la reticencia de algunas grandes empresas a permitir que estas herramientas se integren con sus sistemas. En esa lucha por un terreno común, tanto Instinct como Muse están trazando estrategias distintas para captar usuarios y probar la utilidad real de estos asistentes en la vida diaria. El tiempo dirá cuánto de esta promesa podrá consolidarse como una herramienta cotidiana para la mayoría de los internautas.



