Julio De Vido, exministro de Planificación Federal de los Kirchner, pasa su arresto domiciliario en una propiedad ubicada a orillas del río Paraná, en un entorno de lujo cercano a Puerto Panal, un country de Zárate a 102 kilómetros del Obelisco. El dirigente, de 76 años, quedó bajo esta modalidad el 11 de mayo, tras pasar menos de seis meses en el penal de Ezeiza, debido a su edad y a un cuadro médico que incluye diabetes y enfermedades cardiovasculares.
La chacra, de casi cinco hectáreas, es una de las más grandes de la zona y está habitada por su mujer, Alejandra Minnicelli. El terreno ofrece una ambientación amplia y cuidada, con un trazado de senderos y puentes que atraviesan un espejo de agua natural, palmeras, árboles frutales, una huerta y una piscina. En la propiedad también se destacan una cancha de fútbol, caballerizas, un vivero y un gran aviario, reflejo de la afición de De Vido por la cría de palomas, canarios y guacamayos.
Vecinos y conocedores señalan que la mansión está valuada en aproximadamente US$1,5 millones y que la casa principal suma unos 600 metros cuadrados cubiertos, distribuidos en dos plantas con vistas a la laguna.
En el ámbito judicial, De Vido fue declarado culpable en 2018 de administración fraudulenta en perjuicio del Estado, dentro de la causa por la tragedia ferroviaria de Once, ocurrida el 22 de febrero de 2012 y que dejó 52 fallecidos. Esta es, por el momento, la condena firme que enfrenta: fue ratificada por la Corte Suprema y no admite apelaciones futuras.
El exfuncionario no solo tiene esa condena; también enfrenta otras causas por corrupción. En total, contaría con cuatro sentencias en primera o segunda instancia, vinculadas a los casos Skanska, Odebrecht, Gas Natural Licuado y la compra de trenes chatarra a España y Portugal, con penas que oscilan entre tres y cinco años en cada proceso. A ello se suman una docena de acusaciones aún en trámite, según lo informado por archivos judiciales de la región.



