La estrategia actual de Patricia Bullrich pasa por marcar distancia con la gestión oficial y hacerlo con señales públicas y movimientos en el Congreso. No se trata solo de diferencias comunicacionales con la Casa Rosada, sino también de gestos legislativos que buscan consolidar a su agrupación dentro de la coalición libertaria. La polémica arrancó con una escena: Bullrich posó junto a 15 diputados, gesto que desbordó la paciencia del Gobierno y tensó la relación con Martín Menem, quien maneja una porción de esa bancada que se identifica con la línea de LLA.

Entre los que todavía se autodefinen como bullrichistas hay quienes, por un lado, muestran incomodidad ante el giro y, por otro, sostienen lealtad. En la Cámara baja, quienes alimentan la puja con el ala afín a Karina Milei no escatimaron críticas y llegaron a hablar de traición por parte de Bullrich. En respuesta, la exministra sostiene su postura: sostiene que no se ha roto nada y sostiene que “por ahora” no se han producido comunicados oficiales con ella, ni contactos que legitimaran un quiebre mayor.

La complejidad se agranda por las señales procedentes desde la Casa Rosada, donde se afirmó que Bullrich “había cruzado un límite”. En el entorno karinista del bloque libertario calibran la advertencia, aunque advierten que las jugadas de la excandidata podrían terminar mal para quienes las ejecutan. La lectura de la foto en las oficinas de Bullrich en Bulnes es netamente política: se la interpretó como una demostración de poder para el tramo final del periodo legislativo, cuando el Senado mantiene encendido el debate por las PASO.

Más allá de la lectura oficial, en el equipo de Bullrich reconocen que las negociaciones con gobernadores para la cuestión electoral siguen en manos de Diego Santilli, jefe de Gabinete, lo cual indica que cualquier avance o tropiezo del bloque libertario estará atado a esos contactos de alto nivel.

Consultada por LA NACIÓN ante las críticas surgidas tras el mitin con 15 diputados, Bullrich afirmó que no ha cruzado límites y que “me junté con mi gente”. También restó dramatismo al tema al asegurar que nadie la habría contactado y que, de momento, se trataría solo de hipótesis.

La foto, en cualquier caso, no pasó inadvertida. Es visto, por ambas veredas, como una señal de peso político: 15 legisladores pueden complicar iniciativas oficiales o bloquearlas por completo, y esa capacidad de influencia se considera un activo que Bullrich quiere preservar sobre un grupo que nació bajo la etiqueta PRO y, con el tiempo, se acercó a LLA gracias a su impulso.

En este marco, persisten las dudas sobre el respaldo político de Bullrich ante un eventual comicio, con versiones de conversaciones con gobernadores y un interés apreciable de sectores del “círculo rojo”, mientras circulan también resultados de encuestas que mantienen en primer plano la volatilidad del soporte dentro del arco opositor.