Se perfila la llegada de León XIV como Jefe de Estado del Vaticano, figura carismática del catolicismo mundial y primer pontífice misionero en la historia papal. Su objetivo sería, como sus predecesores, responder con rupturas y continuidades a la “custodia de la persona humana en la era de la inteligencia artificial” —una visión llamada Magnificat Humanitas— no limitándose a una perspectiva europea, sino articulando también las experiencias de las periferias existenciales.
La aparición de un papa es un suceso de múltiples dimensiones: histórico, social, político, mediático, económico, simbólico y espiritual, con un impulso de masas. En ese marco, la presencia del pontífice se interpreta como un desafío de comprensión, especialmente en un país donde distintos protagonistas buscan “su Papa” a su medida.
El nombre, en este caso León XIV, funciona como señal. León XIII, en 1891, respondió al capitalismo de la revolución industrial proponiendo remedios sociales y espirituales: conciliación de clases, sindicatos católicos y devoción al Sagrado Corazón; al tiempo que reprimería a anarquistas, socialistas y comunistas y denunciaba el liberalismo. Ante León XIV se presenta un capitalismo de plataformas, ausencia de estructuras internacionales, y un emergente movimiento internacional de ultraderecha, con ajustes económicos continuos, individualismos severos, conflictos bélicos y la exaltación de un dios guerrero.
La disputa por la memoria y el sentido de la acción en lo público ocupa un lugar central.
En 1934, Buenos Aires recibió el Congreso Eucarístico Internacional, un despliegue del catolicismo integrista y masivo, con la primera gran misa en el Monumento a los Españoles y una asistencia que rozó el millón de personas. El catolicismo del Tercer Mundo afrontó represión y su memoria persiste junto a los 30.000 desaparecidos. León XIV alude en Magnificat Humanitas a Enrique Angelleli, obispo asesinado, como ejemplo de martirio. En 1982, Juan Pablo II llegó a Buenos Aires a pocos días de la guerra de Malvinas, oficiando una misa que buscó mediar sin éxito y, en su discurso, mencionó a los desaparecidos sin coordinarse con dictadores ni con la jerarquía local. En la transición a la democracia, en 1987, el Papa llevó propuestas sobre la defensa de la vida y la indisolubilidad del matrimonio; poco después el Congreso aprobó el divorcio vincular.
Entre 2013 y 2025, un argentino, el papa Francisco, llevó adelante el papado. Así como Juan Pablo II, Benedicto XVI y ahora León XIV decidieron regresar a sus países de origen tras su nombramiento, Francisco eligió quedarse. Aun con esa continuidad personal, existen paralelismos con Francisco: espiritualidades encarnadas, cercanía a víctimas y marginados, reconocimiento de la diversidad y una mirada global a los problemas contemporáneos. En su encíclica Magnificat Humanitas, enfatiza el necesario discernimiento comunitario para la actualidad: la dignidad de la persona, el destino universal de los bienes, la opción por los pobres y el cuidado de la casa común, entre otros ejes.



