La llegada de la princesa Ana, segunda hija del fallecido rey Carlos III, a las Malvinas se produce en una semana de alta sensibilidad para la disputa de soberanía entre Argentina y el Reino Unido y en paralelo a ejercicios militares británicos en el Atlántico Sur.

Entre el martes 10 y el miércoles 11, en Hamburgo, los jueces del Tribunal Internacional del Derecho del Mar (ITLOS) escucharán los argumentos legales de ambas partes sobre la explotación de petróleo en el entorno del archipiélago. El caso forma parte del marco de la controversia que rodea el proyecto Sea Lion y el futuro de los recursos energéticos de la zona.

En Buenos Aires, el gobierno de Javier Milei impulsó una vía judicial ante el tribunal costasignado por la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (Convemar). La demanda solicita medidas cautelares para impedir que las empresas británicas avancen en actividades petroleras en aguas cercanas a las islas.

Durante el proceso, Navitas Petroleum, de Israel, y Rockhopper Exploration, del Reino Unido, comunicaron que prevén iniciar la extracción comercial de petróleo en 2027 y 2028 respectivamente, lo cual agrava la complejidad geopolítica de la región.

La decisión que emane del ITLOS será histórica por sus posibles efectos en el marco jurídico internacional entre Argentina y el Reino Unido, aun cuando la corte no es la instancia para resolver la controversia de soberanía de fondo. Podría ordenar medidas provisionales, podría rechazar la solicitud por considerar que no corresponde por el fondo del conflicto, o podría dejar planteamientos intermedios que resulten ventajosos para alguna de las partes. Si la producción petrolera continúa en 2027-2028, podría intensificarse la tensión en el Atlántico Sur, especialmente en un año electoral en Argentina, con Milei buscando la reelección.

La presencia de la princesa Ana en el archipiélago no es un dato menor para el simbolismo de la relación entre Londres y las Malvinas. La royal familia mantiene un respaldo institucional a la población isleña y continúa mostrando su capacidad de manejo estratégico de la región mediante su contingente militar permanente en el Atlántico Sur y el apoyo político de la Corona, que, si bien no es vinculante a nivel internacional, es parte de la narrativa británica sobre la soberanía.

La princesa Ana inició este lunes 9 una visita de once días a las Malvinas, acompañada por su esposo, el vicealmirante Timothy Laurence. Ya había visitado el territorio en 2022. Según el Palacio de Buckingham, la gira la realiza en calidad de patrona del South Georgia Heritage Trust, organización dedicada a la conservación del patrimonio histórico y ambiental de las Georgias del Sur, islas deshabitadas que también reclama Argentina junto a las Malvinas y las Sandwich del Sur.

Entre su itinerario figuran encuentros con residentes, recorridos por instalaciones públicas y actividades orientadas a la promoción de la historia y la conservación de la región, en una agenda que refuerza la presencia británica en la zona mientras se evalúan los pasos legales vinculados al conflicto de soberanía y a los futuros recursos energéticos.