En su primer acto público en suelo argentino, el Papa León XIV dirigió un mensaje ante el presidente Javier Milei y las distintas autoridades presentes, en el Palacio Libertad. Expresó su agrado por encontrarse en la nación y agradeció las palabras amables del mandatario, así como la acogida de la comunidad y del cuerpo diplomático que acompaña el acto.
Se presentó como Sucesor de Pedro y, en ese marco, como pastor que se dirige a la Iglesia que peregrina por el país y a toda la nación. Subrayó que la Iglesia acompaña la vida de los pueblos desde la misión que le corresponde, y que, frente a quienes ejercen responsabilidades públicas, quiere ofrecer una orientación basada en el Evangelio para defender la dignidad de cada persona, favorecer la concordia y promover el bien común.
El Pontífice enfatizó un significado especial en su llegada: durante doce años la Iglesia universal escuchó la voz de un Pontífice argentino que dejó en la memoria de este lugar huellas profundas. Al asumir él el ministerio petrino, el viaje repercute de algún modo en la historia de la patria donde Francisco inició una trayectoria que se enlaza con la vida de la Iglesia. Acercarse a la tierra donde él creció es, para León XIV, acercarse a una historia amplia, tejida por generaciones de hombres y mujeres que recibieron la patria y aportaron algo de sí.
Destacó la diversidad de procedencias que forman la nación: nacidos en Argentina, quienes llegaron en busca de un hogar y pueblos originarios que anteceden a la nación. De ese encuentro entre distintas procedencias nació un pueblo capaz de abrir sus puertas, hacer espacio a los demás y mantener la voluntad de avanzar, incluso en tiempos difíciles.
El Papa sostuvo que todos contribuyeron a la Argentina que se visita hoy y que ninguna generación empieza la patria desde cero; la recibe ya en una lengua, en vínculos, en instituciones y en bienes que fueron creciendo gracias al esfuerzo de muchos. La historia, afirmó, guarda motivos de gratitud y también recuerdos dolorosos. A cada generación le corresponde discernir qué conservar, enfrentar las injusticias del pasado y enriquecer el patrimonio material y espiritual común. La visión de la patria que hoy está en manos de sus habitantes, concluyó, será la herencia de las futuras generaciones.



