El riesgo país argentino volvió a activar señales de alerta en el tablero financiero. Tras haber tocado un mínimo de 402 puntos el 10 de julio, el indicador elaborado por JP Morgan cerró este miércoles en 852 unidades. En menos de cuatro meses, el salto fue contundente, en medio de un contexto internacional de incertidumbre y de un deterioro progresivo de las expectativas económicas locales, sumado a inquietudes sobre el curso político de cara a las elecciones de 2027.
La suba refleja el malestar de los inversores frente a los activos argentinos. Aunque los bonos habían mostrado una mejora durante la primera mitad del año, esa dinámica se debilitó en los meses recientes, y las cotizaciones quedaron sujetas a una combinación de factores externos e internos.
Martín Polo, economista fundador de Polomix, explicó que en los últimos cuatro meses llegaron noticias adversas a nivel global. El aumento de rendimientos de los bonos del Tesoro de Estados Unidos impacta negativamente a los mercados emergentes, y el tono de la región también se ve afectado por la política brasileña: el mercado esperaba un triunfo de Bolsonaro, y si bien el resultado en Estados Unidos fue percibido de forma favorable, Argentina enfrentó dudas sobre el impacto para su propia economía. En resumen, el contexto global habría empeorado desde la óptica local.
Dentro de Argentina, los datos también jugaron en contra. Polo señaló que la inflación no desacelera al ritmo esperado, lo que frena la mejora del poder adquisitivo de los salarios. A eso se suma la duda sobre la duración de la recesión y su incidencia en la actividad económica, factores que alimentan la incertidumbre entre los inversores.
Otro cambio relevante fue la revisión de las expectativas que se habían construido a inicios de año. Aunque en julio se había visto el cobro de cupones como un impulso, los indicadores de actividad del segundo trimestre y una desaceleración más lenta de la inflación alteraron ese panorama. “La promesa de los mejores 18 meses que mencionaba Caputo ya no parece cumplirse”, indicó Polo.
La incertidumbre política también opera como peso adicional para la valoración de los bonos. Aunque falta casi un año para las elecciones, el mercado ya incorporó la posibilidad de que un cambio en las expectativas electorales afecte la continuidad del programa económico y las condiciones de financiamiento para el país.
Además, otra variable que presiona sobre los activos argentinos es el calendario de pagos para 2027, periodo en el que se concentran importantes vencimientos de deuda en moneda extranjera. Este factor añade presión adicional sobre la confianza y la demanda de los títulos argentinos.



