La memoria de Ernesto Laclau se abre con una anécdota de aquella primera charla: un guiño que mezclaba Lacan y Perón, un chiste que, en su momento, parecía trivial pero escondía una lectura crucial sobre el vínculo entre ideas y prácticas políticas. A partir de ese encuentro, el reconocimiento de Laclau como uno de los pensadores centrales de las últimas décadas fue creciendo, sobre todo por la forma en que entendía la política como una articulación de lo que llama un Pueblo mediante una lógica hegemónica.

Su libro La razón populista se presentó como una construcción de arquitectura formal y abstracta capaz de describir la formación de sujetos colectivos a partir de su posición en el juego de poder. El autor tuvo la oportunidad de compartir seminarios tanto en España como en Argentina; ese periodo coincidió con la emergencia de movimientos nacionales y populares de izquierda —Evo Morales, los Kirchner y Chávez— y con el germen de Podemos. En ese contexto, autores del marxismo occidental empezaron a focalizar la atención en la cuestión de la hegemonía, generando debates de alcance internacional sobre cómo opera esa lógica en distintos escenarios.

Es cierto que, como suele suceder con obras de gran envergadura, la lectura de Laclau y Mouffe quedó, en algunos casos, despojada de su rigurosidad; sin embargo, no por ello se debe limitar la lectura a una única experiencia política. Si bien el cruce entre Gramsci y Lacan en su marco teórico complica la interpretación, ciertos dilemas de las coyunturas citadas pudieron ser pensados desde la perspectiva laclausiana, abriendo un registro interpretativo más amplio para entender movimientos y estrategias políticas.

El sentido del chiste citado no era meramente humorístico: aludía a un problema teórico, ideológico y político de gran magnitud. Es pertinente volver sobre el uso del término populismo, que en muchos casos funcionó como arma de imputación entre adversarios; para Cooke, citado por Laclau, el populismo representa ese elemento problemático que acompaña a los proyectos emancipatorios.

La derecha, tanto en Argentina como a nivel internacional, elevó la intensidad de sus críticas hacia la obra de Laclau. Tras su fallecimiento, las coberturas y comentarios se volvieron particularmente ásperos, reflejando la línea de ciertos sectores mediáticos de aquel momento, que buscaban socavar el legado del pensador.

En síntesis, la obra de Laclau dejó una huella decisiva en el modo en que se piensa la articulación de fuerzas políticas y la construcción de proyectos de izquierda. Su legado sigue siendo motivo de análisis y debate, con interpretaciones que continúan influyendo en la teoría y en la práctica política contemporáneas.