La expansión de la inteligencia artificial está elevando la capacidad de cómputo que requieren los centros de datos, y con ello la necesidad de electricidad, agua y cobre. En respuesta, compañías tecnológicas y laboratorios trabajan en sistemas que transmiten información mediante luz en vez de señales eléctricas, con el objetivo de disminuir la generación de calor en los equipos y, por ende, el consumo energético destinado a enfriarlos.

La tecnología implicada, llamada fotónica, desplaza la conducción de datos por fibra óptica en lugar de cables de cobre. Aunque la fibra ya se usa para comunicaciones a larga distancia, ahora se busca aplicarla también a las conexiones internas entre servidores, procesadores y equipos de red dentro de las instalaciones.

En palabras de Chris Sharp, director de Tecnología de Digital Realty, “probablemente estamos acercándonos al cierre de la era del cobre”, una formulación que no implica una desaparición total del metal, pero sí una menor participación en las conexiones internas. Un informe de la BBC recoge esa idea, subrayando que una instalación típica de 100 megavatios podría llegar a usar unas 400 toneladas de cobre, principalmente para alimentación eléctrica y refrigeración, con aproximadamente 70 toneladas en los servidores y unas 20 toneladas en el cableado.

El cobre transmite señales eléctricas con eficiencia, pero ese proceso genera calor, lo que obliga a mantener a los equipos dentro de rangos térmicos seguros, especialmente cuando hay miles de procesadores entrenando y operando herramientas de IA. La fotónica intenta aliviar esa carga térmica: al transmitir datos con luz, se reduce la generación de calor inherente a la conducción eléctrica y, en consecuencia, la energía necesaria para refrigeración.

La implementación de esta tecnología exige la integración de componentes ópticos, que manejan la luz, con circuitos electrónicos. En algunos casos, esa unión se logra directamente en los propios procesadores. El Subdirector de Cornerstone Labs, Callum Littlejohns, afirma que “se puede ahorrar muchísima energía”, según lo reportado por la BBC. La diferencia clave radica en que la luz no provoca el mismo calentamiento que las corrientes eléctricas al trasladar la información.

Una posible consecuencia es la disminución de la demanda eléctrica destinada a refrigeración, y, cuando se recurre a sistemas de enfriamiento por agua, podría traducirse en una reducción también del consumo hídrico. El impacto real, no obstante, depende tanto del diseño del centro como del método de enfriamiento empleado.

La fibra óptica ofrece, además, la capacidad de multiplexar, permitiendo que varios flujos de datos viajen por un mismo canal. De esa manera, se puede ampliar el caudal de información sin incrementar de forma proporcional la cantidad de cableado, lo que resulta especialmente relevante para instalaciones que conectan cada vez más servidores.

El uso de la luz para transmitir datos existe desde hace décadas, pero la fabricación de componentes fotónicos integrados en grandes volúmenes aún enfrenta desafíos para la producción a gran escala.