La escena podría parecer sacada de una película, pero ocurrió hace poco en cientos de supermercados de Francia y otros países de Europa: durante la madrugada, sin que nadie accionara nada, las heladeras y congeladores se calentaron de forma coordinada hasta alcanzar los 50°C, arruinando los productos y provocando daños que incluyeron góndolas dañadas, pérdidas millonarias, toneladas de comida estropeada y, en algunos locales, incendios. Cadenas como Intermarché, Coopérative U, Carrefour, Monoprix y Netto se vieron afectadas.
Este fenómeno no se trató de un fallo aislado: se registró hoy nuevamente en establecimientos de Bélgica, Suecia, Países Bajos, Luxemburgo, Irlanda y Estonia. No se trató de un desperfecto técnico, sino de un ciberataque que aprovecha la evolución de lo que se conoce como internet de las cosas: las heladeras modernas están conectadas a internet para facilitar su gestión remota. Los agresores no buscaron robar datos de tarjetas ni secuestrar información contable; apuntaron directo a la infraestructura física de los equipos. El blanco fueron los controladores térmicos fabricados por la firma danesa Danfoss, especializada en refrigeración y automatización. Estos dispositivos no solo miden temperatura, sino que coordinan funciones como los ciclos de descongelamiento para eliminar la escarcha.
Las conclusiones son claras: se trata de un ciberataque masivo operado a distancia. Alguien tomó el control remoto, anuló los comandos de seguridad y ordenó subir la temperatura de los equipos y mantenerlos activos. Algunas investigaciones señalan que la brecha surgió en modelos antiguos cuyos firmwares (el software que gobierna la heladera) estaban desactualizados y ya no podían recibir parches de seguridad para mitigar riesgos identificados. El fabricante sostiene que no puede hacer nada más: son modelos que ya no cuentan con soporte.
Para situar el marco, en 2016 se popularizó la IoT y la idea de conectar infraestructuras críticas a la red. En aquel año, un ataque informático a la red eléctrica de Ucrania dejó sin luz a 200.000 personas, con el malware BlackEnergy 3 como responsable. En la última década, esa promesa de conectividad transformó múltiples industrias: con 5G, fibra óptica, enlaces satelitales y sensores IoT, sectores que operan en entornos remotos o peligrosos —como minería, petróleo (en Vaca Muerta), agroindustria o puertos— lograron gestionar a distancia flotas, sistemas de riego y grúas, reduciendo costos operativos y riesgos para trabajadores.



