Qué piensan los chicos y chicas de los sectores más vulnerables sobre su proyección en el país es el eje de un trabajo realizado por el jesuita Rodrigo Zarazaga y el investigador Daniel Hernández, del Centro de Investigaciones y Acción Social (CIAS). La encuesta, que contempló 600 jóvenes, incluyó entrevistas en profundidad con jóvenes de cinco barrios populares. Los testimonios apuntan a una conclusión clara: cuando un sistema no ofrece horizonte a la juventud, pierde su propio futuro.
Entre los relatos figuran varios testimonios de jóvenes que prefieren resguardar su identidad. Una joven de 17 años de Quilmes admite que le resulta difícil imaginar un porvenir. Otra adolescente del mismo rango etario, Fernanda, se ve a sí misma “sentada en la vereda, con un perro al lado, mirando la vida pasar”. En el abanico de realidades del entorno marginal circulan menciones a la posibilidad de robo o consumo de drogas como formas de reconocimiento, la desvalorización de la escuela como motor de movilidad y, en paralelo, la carga de la contención familiar para intentar avanzar. Leandro, de 19 años, pregunta: “¿Para qué crecí?”. Enzo, de 21, lamenta: “Mi error fue pensar que podía ser algo más”.
La investigación contextualiza estos testimonios con datos oficiales. Según el Instituto Nacional de Estadísticas y Corespondencias (Indec), la pobreza alcanzó el 32,3% en el primer semestre del año, lo que representa aproximadamente 15,4 millones de personas en situación de pobreza en todo el país. La indigencia fue del 7,5% en ese mismo periodo, y la pobreza infantil llegó al 44,5%, equivalente a cerca de 4,1 millones de niños y niñas entre 0 y 14 años.
En el lenguaje político-económico que rodea la discusión, el gobierno de Javier Milei sostiene que el incremento de la pobreza durante los primeros seis meses de 2026 es transitorio, atribuido a la inflación provocada por el ruido electoral del año anterior. Aun así, el Ejecutivo señala una caída considerable de la pobreza desde principios de 2024: afirma que alrededor de 12 millones de personas dejaron de ser pobres en ese periodo y que, desde fines de 2023, la cifra asciende a 2 millones.
El propio Ministerio de Capital Humano, a cargo de Sandra Pettovello, subrayó que, desde el pico del primer trimestre de 2024, 1,8 millones de niños y adolescentes lograron salir de la pobreza y 1,5 millones de personas dejaron la indigencia, con una reducción cercana al 60% de la indigencia. En el segundo semestre de 2025, ambos indicadores habrían llegado a sus niveles más bajos desde 2018, aunque la pobreza infantil mostró un incremento de tres puntos en el último periodo analizado.
En síntesis, la combinación de voces jóvenes y cifras oficiales apunta a una misma conclusión: la ausencia de un horizonte real para la juventud está asociada a un deterioro social que no se resuelve de forma aislada, sino que exige respuestas integrales que contemplen empleo digno, educación y apoyo familiar para evitar que “las piedras” de la marginalidad se conviertan en la base de un nuevo entramado social.



