Jesús de Miguel nació en Madrid el 21 de septiembre de 1996 y era conocido en el ámbito deportivo como Demi. Su primer contacto serio con el fútbol llegó a los 20 años, cuando debutó en el CD Leganés B, en la Tercera División de España. A lo largo de su trayectoria sumó 54 goles, y con el paso de los años se convirtió en una figura de referencia para diferentes clubes, especialmente en sus etapas finales, cuando fue ídolo del CD Castellón y del CD Tenerife.

En 2023 fichó por el Castellón, conjunto de la Comunidad Valenciana que participa en la Primera Federación, la categoría anterior a la Segunda División en el fútbol español. En mayo de 2024 logró un ascenso histórico a la “2da Categoría”, con Demi brillando como una de sus piezas destacadas. Tras tres campañas en Castellón, continuó su trayectoria en Tenerife, club en el que también se consumó un ascenso.

Tras confirmarse su fallecimiento, el CD Castellón difundió un comunicado en el que afirmó estar “con el corazón roto y sin consuelo posible”. El presidente de la entidad, Bob Voulgaris, valoró a Demi como un jugador que “predicaba con el ejemplo”.

En el ámbito personal, Jesús de Miguel estaba casado con María y, en junio de 2025, tuvieron una hija, Carla de Miguel Fernández. Tanto María como Carla estaban presentes en el estadio la noche en que el delantero cayó descompensado durante un partido. La familia agradeció las muestras de cariño y pidió, de forma prioritaria, respeto a su privacidad en este momento tan doloroso. Un futbolista rosarino también expresó su pésame a través de Instagram, sin más comentarios oficiales al respecto.

La muerte se produjo por un paro cardiorrespiratorio tras recibir un rodillazo en el pecho del portero del FC Andorra, Jesús Owono. El estado de Demi se complicó durante la internación y falleció en la mañana del 3 de noviembre. Como consecuencia del choque, Owono fue expulsado y podría haber recibido una sanción de hasta 12 fechas, según el reglamento vigente. No obstante, se abrió una investigación para determinar responsabilidades y si existió algún aspecto penal asociado. En paralelo, se trabaja para esclarecer las causas del deceso y evaluar si la acción podría constituir un delito. Si se concluye que hubo imprudencia, la pena podría ir de uno a cuatro años de prisión. Ante las amenazas recibidas, el propio futbolista rosarino clausuró sus redes sociales.