El presidente ejecutivo del Consejo Minero de Chile, Joaquín Villarino, planteó una vía pragmática para avanzar ante la magnitud de los proyectos mineros en Argentina: unir fuerzas con proveedores chilenos que ya conocen la actividad y sumar la capacidad de fabricación y servicios de Argentina. La idea es dejar de lado una visión proteccionista y construir una cadena de suministro más integrada.
Villarino señaló que, para avanzar, hace falta complementar infraestructuras para exportar cobre y otros minerales, así como asegurar acceso a agua, energía, acuerdos con comunidades y una base de proveedores y trabajadores debidamente capacitados. Aseguró que la realidad es que “el mundo que no ha hecho minería nunca piensa que, por el hecho de tener los recursos, tiene solucionado el camino para hacer minería”.
La propuesta llega en un momento en que, a nivel local, industrias y pymes argentinas buscan oportunidades en el marco de proyectos vinculados al RIGI. En la ronda de negocios celebrada en Rosario a finales de octubre se registraron alrededor de 2.500 reuniones entre proveedores y potenciales compradores, un volumen todavía lejano de convertirce en contratos firmes. Conviven empresas con trayectoria en la actividad y otras que están adaptándose a exigencias de seguridad, certificaciones, financiamiento y plazos.
“Argentina tiene una ventaja indudable: un desarrollo industrial relevante. Los argentinos han construido una capacidad industrial que puede transformarse en una base de proveedores para la minería”, afirmó el dirigente. En la contraparte, Chile concentra experiencia operativa en grandes proyectos: la matriz de proveedores del sector alcanza 8.428 firmas, de las cuales 639 exportan servicios y 42 concentran el 81% del valor exportado.
La visión de Villarino consiste en fusionar esa experiencia minera chilena con la potencia manufacturera y de servicios de Argentina, de modo que ambas partes sumen escalas y sean capaces de responder a las exigencias de las mineras. Ya hay empresas argentinas que se asocian para ampliar su capacidad y cumplir con estándares; la propuesta busca extender ese esquema hacia el lado chileno, para crear una red bilateral de proveedores.
Chile también enfrenta límites para aumentar su producción. Durante la exposición, Villarino mencionó una cartera de proyectos por US$104.000 millones y plazos que, desde el hallazgo hasta la operación, pueden superar los 15 años. La Comisión Chilena del Cobre prevé un aumento de la producción hasta 2027, seguido de una caída por menores leyes del mineral en operaciones existentes y una recuperación hacia 2034 condicionada a nuevos proyectos. En ese escenario, los desarrollos argentinos aparecen como oportunidades para proveedores con experiencia, siempre que exista un marco de alianzas entre empresas de ambos países.
“No es llegar y trabajar en minería” —cerró—, sino avanzar mediante alianzas estratégicas que permitan escalar capacidades y cumplir con los estándares del sector.



