Este miércoles, el ministro de Economía, Luis Caputo, afirmó públicamente que para Argentina no cambia nada la derrota de Donald Trump en las elecciones de medio mandato, calificándola de un plebiscito sobre su gestión. Sin embargo, esa lectura contrasta con lo que revelan los mercados: los inversores comenzaron a desarmar posiciones en bonos argentinos y la bolsa local registró caídas.
La dinámica de las últimas tres semanas se afirmó: los títulos de deuda externa se liquidaron de forma sostenida y las acciones recortaron las ganancias acumuladas desde octubre de 2025, cuando el respaldo de Estados Unidos había dado oxígeno a un sistema financiero que venía perdiendo estabilidad.
El costo de financiarse en el extranjero se volvió cada vez más restrictivo: la sobretasa de 8,5% anual sobre las tasas en dólares que referencia la Reserva Federal elevó el costo de endeudamiento a niveles prohibitivos tanto para el sector público como para el privado. En un solo día, el riesgo país, que ya estaba en torno a 850 puntos, subió 0,25 puntos porcentuales. Con ese marco, no se esperan nuevas emisiones de deuda soberana ni de obligaciones negociables de empresas por varios meses, dejando a Argentina al margen del circuito financiero global.
Una de las piezas centrales del plan para 2026/27 presentado por Caputo a mediados de julio ya quedó cerrada: el canje de deuda en moneda local por dólares, considerado clave para la financiación y los ingresos de divisas, terminó sin el efecto esperado. Este proceso de conversión de activos de emisores locales para obtener dólares se enmarca en lo que se denomina, con cautela, “dolarización de cartera” o, en términos de advertencia, “fuga de divisas”.
Otra señal de desequilibrio es la brecha entre el dólar MEP y el contado con liquidación, conocido como "dólar cable". Aunque el gobierno intenta minimizar la lectura, persisten restricciones para girar divisas al exterior y, ante la limitación del mercado cambiario formal, las empresas recurren a los dólares financieros para transferir fondos al exterior mediante el contado con liquidación y las operaciones por cable, lo que alimenta la volatilidad.
En suma, el panorama financiero argentino continúa erosionando confianza y crédito, mientras la fuga de capitales avanza a pasos cada vez más firmes.



